Capitulo 2: Esa mayordoma, intuitiva.
El sol iluminaba la mansión Phantomhive. En los grandes ventanales se reflejaba el agua de la fuente que estaba a la entrada de la casona rodeada de árboles frutales y un camino de tierra que funcionaba como “estacionamiento” para las carrosas que rara vez aparecían ahí, es más, la primera en usar ese espacio vacío fue la de la señorita Nekotsuki.
- Esta mansión parece ser una guarida, está muy bien oculta.- Dijo Megumi que mientras miraba por ventana la gran fuente del patio delantero recibía una taza de leche servida por Saeko.
- Eso es porque el conde Phantomhive no desea que sepan que existe.- Explico Saeko muy tranquila, tomo el cepillo de Megumi y soltó su largo cabello rubio para peinarlo con delicadeza.
- ¿Eso es por qué es un demonio?- pegunto mirando a Saeko, la cual le lanzo una mirada de compasión.- Wow, que horrible debe ser alejarte de los que amas por esa razón.
- Señorita, le pido no hable el tema frente al conde, usted sabe que en el fondo a cualquiera le duele hablar de eso, mas a un pobre niño como el.- Dijo despacio Saeko, ya terminando de cepillar el ultimo mechón de cabello de la chica.
-¿¡Pobre niño como él?! ¿Qué te está pasando Saeko?, tú no eres así.- dijo soltando una pequeña risita que ocultaba un doble sentido, obviamente, Saeko capto ambos.
- Que crea eso no significa que se me haya ablandado el corazón.- Le extendió la mano a Megu para levantarla de la silla y guiarla hasta la puerta.
- No… si tu corazón se ha ablandado no es mi problema, solo te perjudicara a ti más adelante.- iba a cruzar la puerta pero se detuvo y miro a los ojos a Saeko.- antes de irme, ¿Qué pasa contigo y el mayordomo enigmático?
-Nada señorita, usted sabe muy bien que soy un demonio…-dijo con una maliciosa sonrisa en sus proporcionados labios rojos.
- Todo es posible Sae-chan.- Con estas palabras Megumi atravesó la puerta levantando su hermoso vestido blanco el cual caía en forma de cascada formando unas olas en la parte de la división del vestido, arriba un escote sin hombros, con encajes y cintas en tonos pastel los cuales combinaban a la perfección con su piel blanca.
Mientras tanto en otra habitación.
-Sebastián, tráeme los papeles de investigación, es una orden.- dijo el joven Ciel sentado detrás de su escritorio haciendo lo de siempre, trabajando. Algo casi imposible de creer ya que para el resto del mundo el ya estaba muerto, pero tenía en que seguir ocupado. Investigaba criminales que antes de “su muerte” le había encargado la reina y eran su “asunto pendiente”, para cuanto terminaba el caso hacia que Sebastián los entregara de parte del “señor Light Wether”, este era un nombre que había inventado para cubrirse.
- Yes, My lord.- Sebastián hizo su pose de obediencia.- pero antes de retirarme le recuerdo que tiene un paseo en la mañana con la señorita…- la puerta se abrió de golpe.
- ¡¿crees que por ser el dueño de esta mansión tienes el derecho de dejarme esperando?!- dijo enojada Megumi seguida de Saeko.
- ¿Me-Megumi-san?- Ciel respondió algo molesto y desconcertado por la aparición repentina de la chica.
- Te repito chico lento, ¡¿Qué te crees para dejarme plantada?!- Megumi puso ambas manos sobre el escritorio de Ciel y lo miro a los ojos, luego bajo su mirada para observar que estaba trabajando.- ¿para que trabajas si ya estás muerto?
- Tengo asuntos pendientes nada que te interese, niña mal educada.- respondió Ciel enojado levantándose de su escritorio y quedando a la altura de la chica mirándose directamente a los ojos.
- Ya te lo dije, tú vienes conmigo.- Megumi tomo la mano de Ciel y lo saco a la fuerza de la habitación hasta el pasillo. Sebastián iba a interferir pero Saeko lo detuvo.
- Déjalos, nada de lo que hagas cambiara las cosas.- hiso un gesto que le indicaba a Sebastián pasar antes que ella, él paso sin decir nada y una vez que la figura del mayordomo se desvaneció por el oscuro pasillo adornado con estatuas de mármol y retratos, Saeko pronuncio unas vagas palabras.- no quería volverte a ver… mi amado Sebastián.- Una lagrima juguetona se escapo de sus ojos recorriendo sus mejillas.
En el patio trasero de la mansión una pareja de jóvenes iba tomada de la mano mientras paseaba vagamente sin un punto de llegada en concreto, solo daban vueltas por todo el lujoso camino de piedras de colores que terminaba en un lago.
- Ciel.- Dijo Megumi que hasta ese momento había estado callada mirando todo.
- ¿Si?- Logro captar su atención.
- ¿Qué se siente ser demonio?- Dijo recordando que Saeko le comento no recordar este tema al joven, ella obviamente, no nació para seguir reglas.
- Bueno, supongo que lo mismo que sientes tú.- Megu lo miro confundida, según lo que ella sabía, los demonios no sentían.
- ¿y entonces?-se tomo de el brazo de Ciel y halo de su chaqueta.- ¿tú puedes amar?
A Ciel esa pregunta le resonó por todo el cuerpo y alma, la verdad ni él sabía si podía amar, nunca lo había hecho y tampoco conocía si el haber sido humano podía permitirle amar, porque según de lo que estaba al tanto, Sebastián no amaba.
- Amar… es una palabra muy distante para mí.- dijo Ciel con un leve tono de tristeza en su voz.
- Ciel…- Megu pronuncio como susurrando algo. No estaba segura de lo que iba a decir. Mordió su labio inferior.-…. ¿te gustaría que te enseñara a amar?
El chico se detuvo en seco. Megu se asusto al ver la reacción de Ciel, se imaginaba lo peor. Después de unos segundos el chico respondió.
- Yo…- la miro con frialdad.-…no te amo.
- Jamás me referí a mí, ahora si me sientes identificada.- Dijo Megumi con picardía, había ganado.
Ciel no respondió, se soltó bruscamente de Megumi provocando que esta callera al piso.
Des de lejos, encima de un gran roble, unos ojos rojos los observaban ocultos entre las ramas frondosas. Analizaban. Pensaban. Intuían.
- Que forma de tratar a una mujer.- Dijo la mayordoma. Detrás de ella algo se acercaba lentamente.
- Es imprudente observar de lejos, menos si esta casa no es suya.- Dijo el espectro oscuro tras de ella y aunque no sabía que estaba ahí, no se sorprendió de su repentina presencia.
- También lo es aparecer por la espalda, Sebastián.- Dijo Saeko levantándose de la rama quedando de pie frente a Sebastián.
- Te doy la razón esta vez.- Se levanto también. Se miraron a los ojos.
- Debes educar más a tu “dueño”.- esta palabra la dijo de forma burlesca. Desvió la mirada bruscamente.- ha dejado caer a mi ama.
- Mi amo no acata reglas, no sirve de nada hablarle.- Tomo la barbilla de Saeko haciendo que esta lo volviera a ver a los ojos.- Mi querida Saeko, no esperaba verte. Menos así.
- Suéltame.- Tomó la mano de Sebastián y la quitó violentamente provocando que quedara la marca de su mano en la de Sebastián.
- No tienes que ponerte de esta manera, es descortés.- Dijo calmadamente, algo que a Saeko la ponía molesta.
- Mira quién habla de descortesía.- Se dio vuelta para mirar a Sebastián antes de saltar del viejo árbol. Sus luceros se tornaron los de un leviatán*.- No vuelvas a tocarme. Jamás.
Salto sin esperar respuesta del sombrío ser. Ella lo odiaba y si tuviera alma, lo odiaría con toda esta. Tendría sus razones para hacerlo. No era necesario comentárselo a nadie, después de todo, ella era un demonio.
- Que mal educado.- Dijo Megumi la cual se levantaba molesta del piso lleno de polvo, gracias a Ciel había arruinado un lindo vestido.- Al menos ayudarme a levantarme no estaría mal.
- Es tu culpa por meterte en lo que no debes.- Ciel había regresado pero no para ayudarle, solo veía como ella se levantaba.- tales palabras en la boca de una señorita, insinuándose como si nada. Es mal visto, que no se repita.
Megumi termino de levantarse, ni si quiera se molesto en sacudir su vestido, ni levantar la mirada a la de Ciel.
- ¡¿Y a mí que me interesa lo que está bien o mal?!- Levanto su rostro para contactar con el de Ciel. Sus ojos cristalinos muy abiertos transformaban esas palabras en casi una amenaza.- ¡¿Es que acaso eres algo mío?!...¡¿es que acaso…- Lágrimas.
- Megu…-Ciel iba a tocar el rostro de la joven para consolarla pero un fuerte manotazo fue lo que recibió a cambio. Con sus palabras anteriores no buscaba herirla a tal forma que la haría llorar, quizás había tocado una parte débil de su pasado.
- ¡Déjame!- Ella corrió en dirección contraria a la de Ciel. Quería alejarse lo más rápido y lejos posible de esa persona que le trajo malos recuerdos. Trataba de alejarlos pero seguían ahí.
-*-*-*-*Flash Back*-*-*-*-
Una sala oscura se revela ante los ojos de una pequeña.
Miedo…
Atada a una camilla, grita pidiendo ayuda.
Desesperación…
- ¡¿Qué me hacen?!- Sus lágrimas ya no salían, había llorado tanto.- ¡Déjenme!
Trabaja en vano de desatarse, hasta el punto de perder todas sus fuerzas. Se escucha como se abre la puerta. Rechina. Se cierra. Atormenta a la pequeña.
Obediencia…
- nº 35, prueba 193. Inyección con aire.- Se escucho decir a una voz masculina. Fría. Sin sentimientos. Insensata.
- ¡No!, déjenme… por favor.- volvieron a salir lágrimas de sus ojos.
- ¡no te quejes nº 35!- se escucho a la voz masculina en tono de reto.- ¡¿Qué pensaran los demás de que seas una chillona inservible?!
Los demás…
- y eso…- suave… susurro.- ¡¿A quién le importa?!-gritó con todas sus fuerzas mientras trataba de liberarse. Lo logro. Corrió hacia una ventana cerrada, no le quedo más que atravesarla rompiéndola…
Libre…
-*-*-*-*Fin Flash Back*-*-*-*-
- ¿Qué sabes… tu de mí?- Se comento para sí sentada a la orilla del lago.
Cayó el atardecer, se habían pasado la mitad del día en ese paseo. Se perdieron el almuerzo y los mayordomos no habían interferido en toda la tarde. Ahora sentada en ese lugar, mirando los peces y como las flores de los sakuras caen encima de su cabello está Megumi, pensando en aquello que quiere olvidar. Una mano fría toca su hombro.
- Sae-chan.- ella la reconoció inmediatamente, estaba acostumbrada a su presencia.
- Megu-sama, el conde Ciel quiere…
-¡Dile que se pudra!- Grito la condesa quitando la mano de Saeko de su hombro.- ¡no tratare con insensibles!
- No, Megu-sama, usted sabe que no fue culpa de él, Ciel no estaba al tanto de lo que le pasaba a usted, no como lo que Megumi sabe sobre él.- Le respondió Saeko y desplego su mano para levantar a Megu. Esta no rechazo la invitación.
- ¿Hoy es la fiesta?- Seco sus lágrimas.
- Si. Tengo que prepararla para que se vea hermosa.- Saeko respondió alegre.
- Hermosa… ¿eh? A todo esto ¡¿Quién va a venir?!- Dijo confundida la joven.
- Nadie. Solo somos nosotros. Sebastián, Ciel, Megumi y Yo.
- ¿A eso le llaman fiesta?- Se dispuso a caminar por el camino de piedritas de colores, Saeko la siguió.
- Supongo que para el conde eso es una fiesta.
- Bueno, entonces…- corrió para dar un gran salto.- ¡Que se haga la fiesta!
-Fin del segundo capituló-